Trump reactiva la Doctrina Monroe y fija su mirada en Groenlandia, Colombia e Irán tras la operación en Venezuela

El expresidente, en un hipotético segundo mandato, articula una política exterior agresiva centrada en la seguridad nacional, los recursos estratégicos y el cambio de régimen, desempolvando y rebautizando la vieja doctrina de 1823.

En un escenario hipotético de un segundo mandato, la administración del presidente Donald Trump está definiendo una política exterior marcadamente intervencionista en el hemisferio occidental y beyond. Tras una dramática operación militar que capturó al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa en Caracas, Trump ha resucitado y rebautizado la Doctrina Monroe —el principio del siglo XIX que declaraba a América como esfera de influencia exclusiva de Estados Unidos— como la “Doctrina Donroe”. Este movimiento señala una postura de fuerza renovada y pone en la mira a varias naciones, según declaraciones del propio Trump en los últimos días.

El punto de partida de esta nueva fase fue la incursión en Venezuela, justificada bajo el argumento de restaurar la democracia y combatir el narcotráfico. Sin embargo, las ambiciones expuestas van más allá. Trump desempolvó explícitamente la Doctrina Monroe para enmarcar sus acciones, indicando un retorno a una visión unilateral de la hegemonía estadounidense en la región.

Groenlandia: una ambición ártica estratégica
Uno de los objetivos más sorprendentes es Groenlandia. Trump declaró que Estados Unidos “necesita Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional”, citando la presencia de barcos rusos y chinos en el Ártico. La enorme isla, territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, es rica en minerales de tierras raras, cruciales para tecnología avanzada y equipamiento militar, un sector actualmente dominado por China. Además, su ubicación en el Atlántico Norte le confiere un valor geoestratégico incalculable ante el deshielo y la apertura de nuevas rutas marítimas.

El primer ministro groenlandés, Jens Frederik Nielsen, rechazó contundentemente la idea, calificándola de “fantasía” y exigiendo que cualquier diálogo se realice con respeto al derecho internacional. La afirmación de Trump revive un interés que ya expresó en 2019, pero ahora con un tono de mayor urgencia y capacidad de acción.

Colombia e Irán: amenazas directas y cambio de régimen
Horas después de la operación en Venezuela, Trump lanzó una advertencia al presidente izquierdista de Colombia, Gustavo Petro: “Que tenga cuidado con sus traseros”. Acusó al mandatario de permitir que los cárteles de drogas “florezcan” y de estar involucrado en el narcotráfico. Históricamente, Colombia ha sido el aliado más cercano de Washington en la región, recibiendo vasta ayuda militar. Un giro agresivo contra Bogotá marcaría una ruptura radical, centrada en el control de recursos como el petróleo y minerales, y en la interceptación del tráfico de cocaína.

Más allá del hemisferio, Trump incluyó a Irán en su lista de advertencias. Ante las protestas masivas en el país, amenazó con golpear “muy duramente” al régimen si reprimía a los manifestantes. Aunque Irán queda fuera del ámbito geográfico de la Doctrina Monroe, Trump ya ordenó ataques a instalaciones nucleares iraníes el año pasado, en una escalada coordinada con Israel. Un encuentro reciente con el primer ministro Benjamin Netanyahu habría puesto nuevos ataques para 2026 en la agenda.

México y Cuba: presión continua y espera del colapso
Con México, la retórica de Trump retoma temas de su primer mandato: el flujo de drogas e inmigrantes. Aseguró que “vamos a tener que hacer algo” contra los cárteles, que calificó de “muy fuertes”. La presidenta Claudia Sheinbaum ya ha rechazado cualquier acción militar en suelo mexicano, anticipando un potencial punto de fricción severo.

Respecto a Cuba, Trump adoptó un tono de expectativa más que de acción inmediata. Sugirió que la isla, privada del apoyo petrolero venezolano tras la caída de Maduro, está “lista para caer” y que una intervención militar no sería necesaria. Esta postura se alinea con el histórico llamado al cambio de régimen de figuras como el secretario de Estado Marco Rubio, quien instó a los gobernantes en La Habana a tomar “en serio” las palabras del presidente.

Conclusión: un nuevo unilateralismo con ramificaciones globales
Las declaraciones y acciones descritas, en este escenario teórico, esbozan una política exterior de segundo mandato de Trump definida por un unilateralismo agresivo. Se priorizan la seguridad nacional, el control de recursos estratégicos y un intervencionismo abierto bajo una doctrina renovada. Este enfoque ya genera resistencias entre aliados y adversarios, y plantea el riesgo de una significativa inestabilidad en múltiples regiones, desde el Ártico hasta el Golfo Pérsico, pasando por América Latina. La “Doctrina Donroe” parece ser, más que un eslogan, el marco para una reconfiguración forzada del orden internacional según los términos de Washington.

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