El río Bogotá entre la reflexión académica y la urgencia ambiental

El viernes 13 de marzo, en el auditorio Emilio Sierra Baquero de la sede Fusagasugá de la Universidad de Cundinamarca, el murmullo de estudiantes, docentes e investigadores anunciaba algo más que un encuentro académico.

Era, en realidad, una invitación a mirar de frente una de las heridas ambientales más profundas del centro del país. Allí comenzó el panel “¿Cómo, siendo transhumano, puedo contribuir al mejoramiento del Río Bogotá?”, un espacio de diálogo que convocó a la comunidad universitaria a reflexionar sobre el futuro del río desde una perspectiva crítica, interdisciplinaria y profundamente ética frente a la naturaleza.

La primera intervención estuvo a cargo del doctor José Ricardo Rodríguez Díaz, director del proyecto Ordenamiento alrededor del agua y adaptación al cambio climático en los páramos de Chingaza, Sumapaz, Guerrero y Guacheneque, iniciativa impulsada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia y el Fondo para la Vida y la Biodiversidad.

Su mensaje fue directo: la academia debe pasar de la reflexión a la acción. En un país que alberga una de las mayores biodiversidades del planeta, insistió, ya no basta con producir “tesis bonitas”; es necesario que el conocimiento universitario se convierta en una herramienta real para transformar el territorio y aportar soluciones al deterioro del río.

Desde la mirada académica y territorial, el ecólogo Germán Andrés Quimbay Ruiz, docente de la Licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad de Cundinamarca, presentó la conferencia “Urbanización y conflictos ambientales en la Bogotá-región: una mirada panorámica a la situación del río Bogotá”.

Su análisis puso en evidencia cómo el crecimiento urbano desordenado ha profundizado los conflictos ambientales en la cuenca, donde el desarrollo de ciudades y la presión sobre el suelo terminan por trasladar sus impactos al río, convirtiéndolo en receptor de residuos, aguas negras y tensiones territoriales.

El diálogo también abordó la gobernanza del agua desde la experiencia comunitaria. La ingeniera ambiental María Camila Acosta Santos expuso el papel de los acueductos comunitarios en la cuenca media del río, particularmente en los municipios de Facatativá y El Rosal.

Su intervención recordó que, aunque el agua es un derecho fundamental, el Estado tiene la responsabilidad de garantizar herramientas técnicas y administrativas para que estas organizaciones rurales puedan operar de manera adecuada y sostenible.

Al finalizar el encuentro, quedó claro que el río Bogotá no es únicamente un problema ambiental: es también un espejo de nuestras decisiones colectivas. Entre cifras, diagnósticos y reflexiones, el panel dejó una conclusión compartida: la recuperación del río exige un compromiso que trascienda las aulas universitarias y se instale en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Porque, como se repitió en varias intervenciones, el cambio comienza en cada gesto individual, pero solo cobra sentido cuando se convierte en una acción colectiva por el agua y el territorio. El territorio se ordena a través del agua.

Fotografías.- Prensa y comunicaciones Universidad de Cundinamarca

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