Registros con fototrampeo en dos sectores estratégicos confirman que el felino andino habita activamente la Serranía El Zuque y el sendero Guadalupe-Aguanoso, lo que reafirma el valor de este corredor boscoso para la biodiversidad urbana.
La Secretaría Distrital de Ambiente informó este martes la confirmación de nuevos avistamientos del tigrillo lanudo (Leopardus pardinoides) en dos puntos del sistema montañoso que bordea la capital colombiana. Los registros, obtenidos mediante trampas cámara, se realizaron en el Parque Distrital Ecológico de Montaña Serranía El Zuque y en el sendero Guadalupe-Aguanoso, dentro de la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental.
El hallazgo demuestra que esta especie de felino de tamaño mediano, caracterizado por su pelaje denso con manchas irregulares y cola anillada, utiliza los Cerros Orientales como parte activa de su territorio y ruta de desplazamiento. El monitoreo hace parte del programa de seguimiento de fauna silvestre que adelanta la administración del alcalde Carlos Fernando Galán en las áreas protegidas del Distrito.
Un felino clave para el equilibrio del bosque
El tigrillo lanudo, también conocido como oncilla o tigrillo andino, habita generalmente bosques montanos y de niebla en un rango altitudinal que oscila entre los 1.500 y los 3.200 metros sobre el nivel del mar. Se trata de un mesodepredador, es decir, un depredador de tamaño mediano que regula poblaciones de roedores, marsupiales y aves pequeñas.
Su presencia en un ecosistema funciona como un indicador biológico: cuando un felino de estas características logra establecerse y moverse libremente, significa que las cadenas tróficas —las relaciones de depredación y alimentación entre especies— se mantienen en buen estado. En otras palabras, hay suficientes presas, cobertura vegetal y condiciones de baja perturbación humana para sostener la biodiversidad.
Corredor estratégico para la conectividad
El dato más relevante del monitoreo no es solo la detección del felino, sino su aparición en dos sectores distintos del mismo sistema montañoso. Para los especialistas en conservación, esto fortalece la hipótesis de que los Cerros Orientales funcionan como un corredor ecológico activo y no como parches aislados de bosque.
La conectividad entre fragmentos vegetales resulta fundamental para el flujo genético de las poblaciones animales, el acceso a zonas de caza y la viabilidad poblacional de especies amenazadas o vulnerables. Sin corredores, los animales quedan atrapados en “islas verdes” sin posibilidad de intercambiar genes o huir de perturbaciones como incendios o expansión urbana.
Fototrampeo: ciencia al servicio de la toma de decisiones
La metodología empleada fue el fototrampeo sistemático, una técnica que utiliza cámaras con sensores de movimiento instaladas en puntos estratégicos del bosque. Permite registrar especies de hábitos sigilosos, de baja densidad poblacional o con actividad preferentemente nocturna, como la mayoría de los felinos silvestres.
Este tipo de monitoreo genera evidencia verificable y trazable, lo que permite a las autoridades ambientales ajustar planes de manejo, priorizar zonas de restauración ecológica y justificar inversiones en protección de hábitat. Los resultados obtenidos reflejan, según la Secretaría, el impacto positivo de las acciones de restauración y reducción de afectaciones humanas promovidas por el Distrito.
Impacto y próximos pasos
La confirmación de la presencia del tigrillo lanudo en dos puntos de los Cerros Orientales no implica que su población sea estable o esté fuera de peligro. La especie enfrenta presiones como la fragmentación de su hábitat, el atropellamiento en vías que cruzan el bosque y, en algunas zonas, la persecución directa por conflicto con aves de corral.
No obstante, el hallazgo entrega una base científica sólida para reforzar las medidas de conservación en el corredor Guadalupe-Aguanoso y en la Serranía El Zuque. La administración distrital continuará con el monitoreo periódico y evaluará la posibilidad de ampliar la red de cámaras trampa hacia otras zonas de la reserva forestal donde existen registros históricos de la especie.
Para la ciudadanía, el tigrillo lanudo sigue siendo un habitante discreto y de difícil avistamiento. Su presencia silenciosa en los cerros que rodean Bogotá es, sin embargo, una señal clara de que el bosque oriental aún funciona como territorio vivo para la fauna silvestre.



