Mientras en las montañas de Sesquilé abundan los nacimientos de agua y en su territorio se extiende el embalse de Tominé —uno de los cuerpos de agua más importantes de la región—, el municipio fue incluido por la Gobernación de Cundinamarca en un ambicioso proyecto para explorar nuevas fuentes de agua subterránea. La decisión ha despertado interrogantes entre habitantes y sectores ambientales que se preguntan por qué buscar agua bajo tierra en un territorio reconocido por su riqueza hídrica.
El proyecto, que cuenta con una inversión superior a los $12.240 millones, busca identificar el potencial de las aguas subterráneas en 16 municipios del departamento como alternativa para fortalecer el abastecimiento futuro. La estrategia es liderada por la Secretaría de Bienestar Verde, la CAR y Empresas Públicas de Cundinamarca (EPC), mediante estudios que se desarrollarán durante los próximos dos años.
Sesquilé no solo es conocido por sus manantiales y quebradas de alta montaña, sino también por albergar gran parte del embalse del Tominé, infraestructura clave para la regulación hídrica y el suministro de agua en el centro del país. Esta combinación de recursos superficiales ha llevado a muchos habitantes a considerar que el municipio ya posee una ventaja natural frente a otras zonas del departamento.
Sin embargo, la administración departamental sostiene que la exploración subterránea no responde a una escasez inmediata, sino a la necesidad de anticiparse a los efectos del crecimiento poblacional, la expansión urbana y la variabilidad climática, factores que aumentan la presión sobre las fuentes superficiales tradicionales.
Los estudios previstos incluyen perforaciones exploratorias, pruebas hidráulicas y análisis de calidad del agua para determinar si existen reservas subterráneas estratégicas capaces de complementar el suministro en épocas de sequía o ante eventuales contingencias ambientales.
El caso de Sesquilé abre un debate importante sobre la gestión del recurso hídrico en Cundinamarca: cómo equilibrar la búsqueda de nuevas fuentes con la protección de los ecosistemas que hoy garantizan el agua superficial. Para muchos expertos y habitantes, la prioridad debe ser conservar las zonas de recarga, los nacimientos de agua y el entorno del embalse de Tominé, una riqueza ambiental y estratégica que ya convierte al municipio en un territorio clave para la seguridad hídrica de la región.



