En medio del bullicio de Corferias, donde cada año las palabras se convierten en puentes entre culturas, la Universidad de Cundinamarca vuelve a abrirse paso con una propuesta que trasciende las páginas. No es solo una presencia institucional: es una declaración de principios. Del 21 de abril al 4 de mayo, en el pabellón 8, nivel 1, stand 1, la U de Cundinamarca llega por cuarto año consecutivo a la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) con una apuesta que mezcla ciencia, territorio y sensibilidad social.
Son 18 libros, pero también son 18 ventanas. Cada uno revela una preocupación, una búsqueda, una conversación pendiente con el país. Desde los sistemas de costos pensados para fortalecer el emprendimiento rural hasta las partituras que rescatan las expresiones musicales de Cundinamarca, la universidad pone en circulación saberes que nacen en el aula, pero respiran en la vida cotidiana.
Hay textos que dialogan con el presente inmediato, como el análisis sobre el impacto de la inteligencia artificial en la educación superior, y otros que invitan a mirar hacia adentro, como Cuerpos que hablan, que visibiliza la violencia ginecológica y obstétrica. También están aquellos que conectan generaciones, como el rescate de saberes ancestrales sobre plantas medicinales, o los que abren caminos hacia el futuro, como la cocreación con el robot SARITA en la enseñanza.
En cada obra se percibe una intención clara: que el conocimiento no se quede en los anaqueles. “Conectamos la producción académica con las necesidades del entorno”, resume César Buitrago Quiñones, editor del sello editorial, como quien entiende que investigar también es escuchar.
Pero la experiencia no se detiene en la lectura. El stand se transforma en escenario. Las voces académicas se entrelazan con acordes de la Orquesta Tropical, los boleros encuentran eco entre los visitantes y la Big Band le pone ritmo a las ideas. La universidad no solo expone libros: construye un espacio donde la cultura y la academia se reconocen como parte de una misma conversación.
En ese diálogo también hay lugar para el mundo. La presencia de la filósofa española Rosa María Rodríguez Magda, invitada internacional y autora de Transmodernidad, le da a la participación un matiz global. Su obra, publicada en alianza con Editorial Herder, no solo amplía horizontes, sino que conecta a la institución con debates contemporáneos sobre la sociedad y sus transformaciones.
Mientras tanto, la FILBo, con India como país invitado de honor y más de 600.000 visitantes esperados, sigue consolidándose como ese gran punto de encuentro donde convergen historias, ideas y preguntas. Y en medio de esa multitud, la Universidad de Cundinamarca reafirma su lugar: el de una institución que entiende que la educación no es un fin en sí mismo, sino un motor para transformar realidades.
Porque al final, más que libros, lo que la Universidad de Cundinamarca pone sobre la mesa es una apuesta por el conocimiento con sentido. Uno que se escribe, sí, pero sobre todo se vive.



