LA FORTALEZA DEL #METOO COLOMBIANO

Por Myriam A Caldas Zárate. Abogada.

En Colombia, los casos de acoso o violencia sexual son más frecuentes de lo que uno podría llegar a pensar. La Procuraduría General de la Nación, mediante Boletín 1251 de 2024, informa que existen altas cifras de acoso sexual y laboral que afectan a las mujeres en Colombia. Entre el 2021 y el 30 de septiembre de 2024 se han proferido 113 pliegos de cargos por acoso laboral y se han producido 69 fallos de los cuales 32 han sido sancionados, mientras que por acoso sexual se han iniciado 282 procesos disciplinarios de los cuales se han emitido 52 pliegos de cargos y se han dictado 47 fallos.

Así mismo, el ente de control indica que estos delitos en su gran mayoría afectan a las mujeres (dejando entrever que los hombres también son objeto de acoso sexual), y de acuerdo con el Observatorio Nacional de Salud en 2024, se registraron 3.962 casos de acoso sexual, 9.798 de actos sexuales abusivos, 10.089 de acceso carnal y 4.909 de otras formas de violencia sexual. Sobre violencia de género se reportaron, a septiembre de 2024,131.501 casos en los cuales el 75.6% es contra las mujeres. [1]

A nivel mundial, las cifras sobre abusos sexuales también son desconcertantes. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) “más de 370 millones de niñas y mujeres vivas en la actualidad (una de cada ocho) han sufrido violaciones o abusos sexuales antes de los 18 años según reporte a octubre de 2024”.

El mayor número de víctimas se registra en África Subsahariana con 79 millones de niñas y mujeres afectadas (22%), de manera posterior se encuentra Asia Oriental y Sudoriental con 75 millones (8%), Asia Central y Meridional con 73 millones (9%), Europa y América del norte con 68 millones (14%) América Latina y el Caribe con 45 millones (18%), Norte de África y Asia occidental con 29 millones (15%) y Oceanía con 6 millones de víctimas (34%)[2]

Las mujeres callan por vergüenza, por presión social o económica, incluso porque ven con naturalidad que esas actuaciones se den en sus ámbitos familiares normalizando la violencia física o verbal de tipo sexual.

Sin embargo, el temor o la vergüenza de denunciar los casos de violación o acoso sexual está siendo superado por algunas víctimas. Prueba de ello, es el caso de Giséle Pelicot, mujer de 73 años de origen francés quien fue objeto de violación por parte de su esposo y de docenas de hombres de diferentes edades, con la complicidad de éste, por varios años.

El caso Pelicot es uno de los más sonados en Francia, un juicio que se llevó por cuatro meses, en el cual Giséle siempre estuvo presente, sin vergüenza, porque ella es la víctima y no la victimaria. Su ahora exesposo fue declarado culpable y condenado a pagar cárcel por 20 años, los demás hombres también fueron condenados entre 5 y 15 años.

El caso de Giséle Pelicot es una historia real llena de asombro y fortaleza, no sólo porque su victimario era el hombre que la debía proteger y respetar, sino, además, porque la Sra. Pelicot tuvo la valentía para enfrentar cada una de las audiencias del juicio sin esconderse, demostrando altura y fuerza para escuchar a la contraparte que puso en duda el comportamiento de ella frente a las múltiples violaciones, alegando un posible consentimiento.

Este caso dio a conocer la frase “que la vergüenza cambie de bando” lo que impulsó a múltiples mujeres a denunciar el acoso y/o acceso sexual que se realiza en diferentes espacios laborales, académicos, políticos e incluso familiares, en los cuales aún se práctica un patriarcado arcaico el cual avala y normaliza los actos de persecución con fines sexuales en contra de las mujeres y en algunos casos en hombres.

Otro ejemplo de valentía para denunciar los atropellados sexuales contra mujeres, surgió en el año 2017 con el movimiento social Me Too (Yo También) como concientización contra el abuso y/o el acoso sexual y la cultura de la violación en el que las mujeres hacen públicas sus experiencias de agresión sexual realizadas por el productor de cine Harvey Weinstein. Dicho movimiento tiene como objetivo empoderar a aquellas personas que han sufrido agresiones sexuales a través de la empatía, solidaridad y fuerza, indicando cuántas personas han sido violentadas sexualmente especialmente en sus lugares de trabajo.

A nivel nacional el movimiento #MeToo Colombiano se dio a conocer por la denuncia de varias periodistas frente al presunto acoso sexual del cual fueron objeto por parte de dos de sus colegas, los cuales al gozar de fama y poder, al parecer, actuaron de manera desmedida atentando contra su integridad como personas y periodistas.

Paradójicamente, al existir estas graves denuncias, la reputación de las mujeres que se atreven a ventilarlos es cuestionada, la credibilidad de sus relatos son objeto de dudas, y ello estaría bien si son discutibles dentro de un proceso penal y/o administrativo que en últimas lo que busca es conocer la verdad de los hechos. Pero lo que resulta desconcertante es que la sociedad deslegitime una denuncia porque resulta ser incómoda en determinados ámbitos sociales, prueba de ello son los comentarios en las redes sociales, los cuales en su gran mayoría responsabilizan a las mujeres del comportamiento de los hostigadores sexuales.

A pesar de ello, el movimiento #MeToo ha permitido que la sociedad empiece a comprender la verdadera importancia de la equidad de género, lo que implica que ser mujer es ostentar derechos, deberes, libertades y límites que deben ser respetados y acatados al igual que los detentados por los hombres.

La dignidad de la mujer no puede ser entendida como aquella que permite el abuso en diferentes manifestaciones o aquella que se sacrifica por sus sueños permitiendo la violencia verbal o física de los hombres o aquella que, para evitar comentarios molestos, decide ser menos visibles, incluso en su vestir. No podemos asimilar como sinónimos de la palabra dignidad con la de callar o con la de esconder. La dignidad no puede ser manchada por hechos delictivos, la dignidad es el honor que cada uno de nosotros debe enaltecer como persona ante cualquier tipo de agresión.

Estamos en una era en la que volvimos a la luna, usamos la inteligencia artificial (IA) para apoyar nuestras labores, desarrollamos intervenciones quirúrgicas de cambio de sexo, garantizamos los derechos de los animales, declaramos como sujeto con derechos al agua y demás asuntos que darían cuenta de una civilización más inteligente. No obstante, aún no hemos dado el paso para aceptar y reconocer que las mujeres deben ser tratadas con respeto e igualdad ante la ley y la sociedad.   

Nuestro atraso no está en la producción de leyes (muchas de sobra) ni en la ciencia, está realmente en las costumbres donde prevalece aun el machismo tradicional y retrasado que acepta la discriminación de las niñas, jóvenes y mujeres. Esta habitualidad sólo está generando una sociedad enferma y estancada por no permitirse dar ese paso de justicia para la mujer en la sociedad.

Es por ello, que ante estos últimos acontecimientos denunciados debemos cuestionar, más allá del escándalo mediático, ¿cuáles son las causas para este desorden social? ¿las políticas públicas en contra de la violencia sexual son formuladas o implementadas con estrategias que no logran resultados de erradicación de cualquier tipo de agresión sexual contra las personas? ¿cuál debe ser la estrategia de las autoridades competentes para realizar investigaciones serias y celeras que permitan condenar a los verdaderos actores de este tipo de agresión?

Necesitamos más personas valientes como Giséle Pelicot o como las periodistas que denunciaron de manera firme hechos que atentaron contra su dignidad como mujeres, que los rostros tanto de las victimas como de los victimarios se muestren para que de ese modo enfrentemos el miedo y la realidad de una sociedad aun primitiva en materia de respeto y dignidad, es fundamental aprehender a vivir en sociedad, pues esconder el lado oscuro de ésta no lo hace invisible, solo genera una mancha más profunda que quedará en la conciencia del colectivo social.

Nuestro deber como comunidad es apoyar y solidarizarnos con las víctimas, sean mujeres u hombres, demostrar empatía ante hechos que por ninguna circunstancia pueden suceder, atender con profesionalismo, responsabilidad y celeridad las investigaciones de las agresiones sexuales y crear acciones realmente eficaces que permitan erradicar o por lo menos mitigar estos hechos delictivos, influyendo de tal manera que nuestra sociedad comprenda que una agresión sexual es un hecho irregular y aislado y no una acción normalizada en la población.

Pdta. Las denuncias de las mujeres y de los hombres que han sufrido agresiones sexuales al parecer tienen mayor celeridad y eficacia cuando se realizan en las redes sociales que ante las instancias competentes. La sanción social es más poderosa.

Myriam A Caldas Zárate.

Abogada.


[1] https://www.procuraduria.gov.co/Pages/procuraduria-alerta-altas-cifras-acoso-laboral-pais.aspx

[2] https://www.unicef.org/es/comunicados-prensa/mas-370-millones-ninas-mujeres-mundo-sometidas-violaciones-abusos-sexuales-infancia

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