La iniciativa, liderada por el IDPYBA y la Universidad Antonio Nariño, ha rescatado 238 enjambres y entregado 138 colmenas a mujeres campesinas de Usme y Sumapaz para fortalecer los ecosistemas.
En el marco del Día Mundial de las Abejas, la Alcaldía Mayor de Bogotá presentó los resultados de una estrategia técnico-científica que convierte las emergencias urbanas con enjambres en oportunidades de conservación ambiental. Se trata de la Clínica de Abejas del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA), un centro especializado que desde 2022 ha atendido 238 colonias de abejas rescatadas por el Cuerpo Oficial de Bomberos, con el propósito de rehabilitarlas y reubicarlas en entornos rurales donde puedan cumplir su función ecológica sin representar un riesgo para la ciudadanía.
El proceso de atención integral comienza cuando los bomberos acuden a un llamado por presencia de abejas en espacio urbano. Una vez asegurada la zona y recuperada la colmena, el IDPYBA traslada el material biológico a la Clínica de Abejas, un laboratorio operado en alianza con la Universidad Antonio Nariño. Allí, profesionales en veterinaria, biología y zootecnia realizan una valoración exhaustiva del estado de las abejas reinas, las obreras y la estructura del panal. Se evalúan signos de enfermedades como la varroasis o la loque americana, se analiza la genética de la colonia y se determina si el enjambre tiene viabilidad para ser reinsertado en un apiario productivo y controlado.
“La Clínica de Abejas del IDPYBA es motivo de orgullo por ser una estrategia técnica e innovadora para darle una segunda oportunidad a comunidades de abejas junto con sus reinas. Rescatarlas para llevarlas a entornos rurales más seguros es proteger la vida misma. Gracias a ello, estas polinizadoras encuentran un entorno donde pueden seguir cumpliendo su esencia: fortalecer bosques, cultivos y contribuir al bienestar humano”, explicó Antonio Hernández Llamas, director del Instituto.
Una vez superada la cuarentena sanitaria y confirmada la salud de la colonia, el Distrito entrega las colmenas a una red de apicultoras locales, conformada principalmente por mujeres lideresas rurales de las localidades de Usme y Sumapaz. Estas productoras reciben capacitación continua en manejo apícola sostenible y se convierten en guardianas de un material genético adaptado a las condiciones altoandinas. La lógica del programa es doble: por un lado, se reduce el sacrificio de abejas que antes se consideraban un peligro y se les ofrece un hábitat adecuado para su desarrollo; por otro, se fortalece la economía campesina mediante la producción de miel, polen y servicios de polinización para cultivos de papa, arveja y frutales de clima frío.
Los datos oficiales suministrados por el IDPYBA indican que, desde la puesta en marcha de la clínica, se han entregado 138 colmenas a la red de apicultores de la zona rural de la capital. Además, se han realizado más de 500 visitas urbanas de orientación, manejo y acompañamiento frente a eventos relacionados con la presencia de abejas. Estas cifras consolidan a Bogotá como un referente mundial en la protección de polinizadores, al articular de manera inédita a la academia, la comunidad rural y la administración distrital en un solo circuito de conservación.
La experiencia capitalina tiene pocos antecedentes comparables. Mientras en la mayoría de las ciudades los enjambres urbanos suelen eliminarse por carencia de protocolos, Bogotá optó por una ruta de manejo técnico que reconoce el valor ecosistémico de las abejas. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha advertido que el 75 % de los cultivos alimentarios del mundo dependen en cierta medida de la polinización, lo que convierte a estos insectos en un eslabón crítico para la seguridad alimentaria y la biodiversidad.
El cierre de cada ciclo de rescate, diagnóstico y entrega representa, según el Distrito, una medida concreta de adaptación al cambio climático y de restauración ecológica. Las abejas reubicadas polinizan bosques nativos y cultivos campesinos en una franja estratégica de conectividad ambiental entre el páramo de Sumapaz y los cerros orientales de la ciudad. El próximo paso, de acuerdo con el IDPYBA, es ampliar la capacidad de la Clínica y fortalecer los esquemas de monitoreo posliberación, para medir la tasa de supervivencia de las colonias y su impacto en los agroecosistemas locales. Con este modelo, Bogotá demuestra que la protección animal y la producción rural pueden converger en una política pública de largo aliento.



