Los primeros conductores del Metro ya están en formación: así comienza a escribirse la historia ferroviaria de Colombia. Todavía no circulan los trenes sobre los rieles de la Primera Línea del Metro de Bogotá, pero ya comenzó el viaje de quienes tendrán la responsabilidad de conducirlos. Lejos del ruido de las obras y de las enormes estructuras que se levantan sobre la capital, 195 jóvenes colombianos iniciaron un proceso de formación que marcará un antes y un después en la historia del transporte nacional: convertirse en la primera generación preparada específicamente para operar un sistema ferroviario urbano de pasajeros.
El escenario no es una estación ni un patio de maniobras. Es el Centro de Talento Creativo Bronx, donde el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) y Metro Línea 1 de Bogotá construyen una nueva cultura técnica para un país que durante décadas vio desaparecer los trenes y que ahora vuelve a mirar hacia las vías férreas como símbolo de desarrollo y movilidad sostenible.
Entre los aprendices hay bachilleres, técnicos y tecnólogos que comparten un mismo desafío: prepararse para desempeñar funciones que hasta hace pocos años parecían lejanas para Colombia. Aprenden sobre conducción de trenes eléctricos, control operacional, atención a los usuarios, sistemas ferroviarios, seguridad y respuesta a emergencias. Cada clase representa un paso más hacia una profesión prácticamente inédita en el país.
«La importancia de esta formación radica en el conocimiento y la capacidad que tendrán estos jóvenes para atender los diferentes roles para los cuales fueron contratados. Inician con competencias básicas y posteriormente avanzan hacia competencias técnicas con componentes teóricos y prácticos», explica Luis Orlando Cortés Vega, coordinador del convenio entre el SENA y Metro Línea

Detrás de esta preparación existe un trabajo que comenzó mucho antes de la llegada de los estudiantes a las aulas. Mesas técnicas entre especialistas del SENA y profesionales del concesionario identificaron los perfiles que demandará la operación del Metro y diseñaron un modelo de formación dual que combina aprendizaje académico con experiencia práctica. El objetivo es que, cuando los trenes entren en servicio, el país cuente con personal formado bajo estándares internacionales.
El proyecto también deja una huella institucional. Como parte del proceso fueron elaboradas once Normas de Certificación de Competencia Laboral para actividades como la conducción de trenes eléctricos, la regulación del tráfico ferroviario, la operación remota de los sistemas, el monitoreo energético y la atención de emergencias. Paralelamente, el SENA desarrolla catorce programas de formación complementaria que permitirán consolidar una oferta permanente para el sector ferroviario colombiano.
Antes de enfrentarse a los conceptos especializados, los aprendices fortalecen habilidades esenciales en primeros auxilios, comunicación asertiva, manejo del estrés laboral, trabajo en alturas y atención de emergencias. Solo después avanzan hacia el conocimiento profundo del sistema ferroviario, donde comprenderán la tecnología, los protocolos de seguridad y la operación que permitirá movilizar diariamente a cientos de miles de pasajeros en Bogotá.
Más allá de la formación técnica, este proceso simboliza el regreso de un conocimiento que Colombia había dejado de cultivar durante décadas. El país no solo construye un metro; también recupera una tradición ferroviaria adaptada a las exigencias del siglo XXI, formando profesionales capaces de responder a una infraestructura moderna y altamente especializada.
Quizá cuando los primeros trenes recorran la ciudad, pocos pasajeros conozcan los nombres de quienes estarán al frente de cada cabina o detrás de los sistemas que garantizarán un viaje seguro. Sin embargo, buena parte de esa historia comenzó mucho antes del primer recorrido, en un salón de clases donde casi doscientos jóvenes decidieron apostarle a un oficio nuevo y convertirse en los pioneros de una generación llamada a conducir el futuro ferroviario de Colombia.



