De la gesta libertaria al tren del futuro.
Hay fechas que no envejecen. Cada 16 de julio, cuando Cundinamarca conmemora su independencia, el calendario deja de ser una sucesión de números para convertirse en memoria. Hace 213 años, los hombres que soñaron una provincia libre rompieron los vínculos con el dominio español convencidos de que el futuro debía construirse con autonomía, decisión y esperanza. Aquella declaración de 1813 fue mucho más que un acto político, fue la expresión de un pueblo decidido a escribir su propia historia.
Desde entonces, el departamento ha recorrido un largo camino. Los antiguos senderos indígenas dieron paso a los caminos reales; estos se transformaron en carreteras, y las viejas líneas férreas que alguna vez impulsaron el comercio regional terminaron cubiertas por el abandono. Sin embargo, los rieles nunca desaparecieron de la memoria colectiva. Permanecieron allí, silenciosos, esperando el momento de volver a unir pueblos, familias y economías.
La celebración de los 213 años de independencia encontró a Cundinamarca mirando nuevamente hacia esos caminos de hierro. En medio de los actos conmemorativos, el gobernador Jorge Emilio Rey anunció la apertura del proceso licitatorio del Regiotram del Norte, una obra estimada en 17,4 billones de pesos que busca transformar la movilidad entre Bogotá y la Sabana y convertirse en uno de los proyectos de infraestructura más importantes de la historia reciente del departamento.
No fue un anuncio aislado. Durante meses, el Gobierno Nacional, la Gobernación, y la Alcaldía de Bogotá y sostuvieron mesas técnicas acompañadas por la Corporación Financiera Internacional (IFC), brazo técnico del Banco Mundial. El informe de relatoría confirmó que los consensos fueron alcanzados y que las observaciones formuladas por el Distrito encontraron respuestas suficientes para permitir que el proyecto continúe su marcha.

El acuerdo fue más allá de los planos. Bogotá avaló el tratamiento urbanístico de las zonas bajo los puentes, las fachadas de las estaciones y los espacios públicos que acompañarán el corredor férreo. También quedaron resueltos los criterios técnicos para los cruces peatonales e intersecciones viales, mientras el Distrito asumió el compromiso de ejecutar futuras obras en el sector de Lagos de Torca con recursos propios.
Para el gobernador Rey, el verdadero valor del Regiotram del Norte radica en su capacidad para integrar territorios. El sistema se conectará con TransMilenio, las líneas 1 y 2 del Metro de Bogotá y el Sistema Integrado de Transporte Público, permitiendo que la movilidad deje de entenderse como una frontera entre el departamento y la capital para convertirse en una sola red al servicio de millones de ciudadanos.
La magnitud del proyecto impresiona. Recorrerá 50 kilómetros, contará con 17 estaciones y movilizará diariamente a más de 187.000 pasajeros, cerca de 56 millones de usuarios cada año. Son cifras que hablan de ingeniería y planeación, pero también de oportunidades para estudiantes, trabajadores, empresarios y familias que diariamente cruzan los límites entre Bogotá y Cundinamarca.
El cronograma ya dibuja el futuro. La licitación comenzará durante este mes de julio, la adjudicación está prevista para el primer semestre de 2027, las obras iniciarían en 2029 y la operación comercial se proyecta para 2034. Entre tanto, la administración departamental iniciará una gira por organismos multilaterales y entidades financieras internacionales para atraer inversionistas que permitan convertir el proyecto en una realidad.
Resulta inevitable recordar que hace más de un siglo los trenes fueron protagonistas del desarrollo cundinamarqués. Llevaron café, panela, flores y pasajeros; acercaron mercados y redujeron distancias cuando las carreteras apenas comenzaban a abrirse paso entre las montañas. Con el tiempo, el transporte férreo cedió espacio a otros sistemas y muchas estaciones quedaron convertidas en recuerdos de una época dorada. Hoy, la historia parece ofrecer una segunda oportunidad.
La independencia que proclamaron los cundinamarqueses en 1813 tuvo como propósito abrir las puertas de un nuevo destino. Dos siglos después, ese mismo espíritu parece encontrar otra forma de expresarse, ya no mediante proclamas libertarias, sino a través de obras capaces de integrar regiones, generar desarrollo y mejorar la calidad de vida de las personas.
Quizá por eso el anuncio del Regiotram del Norte tuvo un significado especial durante esta conmemoración. No fue únicamente la presentación de un proyecto de transporte. Fue el símbolo de un departamento que entiende que la verdadera independencia también consiste en construir oportunidades, conectar territorios y garantizar que las próximas generaciones encuentren en Cundinamarca un lugar donde el progreso viaje, nuevamente, sobre rieles.



